miércoles, 21 de julio de 2010

Bad Attitude

Nacimos para gritar.

Hubo una época en que todo lo miraba oscuro, triste y tenebroso. Adolecía en mi adolescencia de complejos e inseguridades. La rabia y la frustración atorada en el alma, y una angustia que vista hacia atrás, era sólo el certero presentimiento de la adultez.  Ante mí, sólo un camino; una vida en eterna búsqueda del éxito medido en shopping y marcas.

Hasta que llegó el rock a mi vida, con su escena under reviviendo en las calles de la zona uno. Y descubrí que el rock es una actitud ante la vida y un género que abarca muchos géneros. El rock me ha salvado la vida más de una vez. Una canción a tiempo, una fiesta para almas atormentadas.

Hay en la zona uno, un lugarcito que guarda esta magia rockera. El “Bad Attitude” con sus mil calaveras viéndote a través de sus ojos neón, la imaginería de la muerte en su máxima expresión. Es un lugar de fiesta, donde lo mismo bailas psyco hasta desfallecer como escuchas a las nuevas bandas de reggae o punk. José Farnés lo fundó hace años con sus ahorros de media vida en Estados Unidos y se volvió fundamental en la cultura urbana musical.
Hace unos meses comenzó un acoso de parte de la Multisectorial, la SAT y, -algo increíble- el Ministerio de Cultura y Deportes para obligarlo a cerrar el local.  Le achacan anomalías, pero los policías que llegan semanalmente a “visitarlo” nunca le han encontrado nada irregular. Como Farnés tiene todos sus papeles en orden, ahora le han dicho que: ¡El rock no es cultura!  No me debería extrañar en una sociedad en la que cualquier signo de diferencia, de autonomía y rebeldía es visto como un delito.

Cuando mis vecinos se quedaron sin casa por la tormenta Agatha, fueron los músicos los primeros en apuntarse a hacer un concierto y son los rockeros los que siempre tocan gratis, a beneficio, a favor de. A menudo la llamada mala actitud es sólo una pose para esconder corazones blandos. Pero eso no lo saben los cazadores de brujas, los que piensan que el mundo es una tacita de plata, los que nunca conocieron la magia del rock sacudiendo su alma.
¡Larga vida al Bad Attitude y al movimiento rockero! Nacimos para gritar y no nos callarán.

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